viernes, 11 de octubre de 2013

EL HAMBRE Y LAS GANAS DE COMER




Papelera del patio de un instituto público



     El curso ha empezado igual que acabó, con malas noticias sobre el futuro de la enseñanza pública. Como en los cursos pasados, ha aumentado el número de alumnos pero ha descendido el de profesores. Los funcionarios siguen en sus plazas, algunos contando los meses o días que les quedan para cumplir los sesenta años y jubilarse después de haber cotizado más de treinta años a la Seguridad Social. He coincidido con varios de ellos y todos se las prometen muy felices en su futuro estado laboral porque tienen muchos planes para seguir disfrutando del tiempo libre y olvidar el malestar que ha ido en aumento con las sucesivas reformas educativas.
     Muchos de los que llevaban años encadenando vacantes como interinos, es decir, con un contrato del 1 de septiembre al 31 de agosto, ahora han descendido a la categoría de sustitutos, de esos a los que se fulmina el 30 de junio sin importar si el profesor sustituido se ha reincorporado o no (con el perjuicio que puede ocasionar al centro al tener que volver a solicitar un nuevo sustituto en septiembre).
En mi caso, como siempre he estado en la categoría de sustituta, no puedo sino alegrarme de haber empezado el curso ocupando el lugar de la titular, y con la promesa en el aire de acabar el curso en el mismo puesto. Las ventajas de esa condición son varias, la más importante el que los alumnos me perciban como "la auténtica", la que pone las notas y la que, hablando crudamente, "la que corta el bacalao".
    El centro en el que trabajo está situado en una zona residencial, aunque periférica, que recibe alumnos de otras poblaciones limítrofes también acomodadas. Su mejor estatus económico se percibe en muchos aspectos, contándose entre los más importantes el mayor porcentaje de alumno no inmigrante (con una numerosa muestra de alumnos con apellidos de otros países europeos) y un porcentaje muy bajo de alumnos obesos. De hecho, me atrevería a afirmar que una gran parte de los alumnos están dentro del peso adecuado para su altura y edad, con un alto predominio de alumnas de los cursos iniciales (1º y 2º ESO) cuyo aspecto aún es el de las niñas prepúberes. 
Los martes tengo adjudicada la guardia de patio y, junto con otros tres profesores, me ocupo de que los menores se mantengan dentro del recinto. En la media hora de recreo los alumnos pueden desayunar lo poco que ofrece la cantina o comer lo que sus madres les hayan preparado. Lo habitual es verlos salir con un bocadillo envuelto en papel de aluminio (señal de que este instituto no se ha unido a la red de Escolas Verdes) cuya longitud a veces me deja con los ojos abiertos, hasta que una recuerda que se trata de adolescentes muy activos y en proceso de desarrollo. También puede deberse a que, como me confiesan algunos, han llegado al instituto sin haber probado bocado ni bebido un triste vaso de leche con colacao por las prisas para cumplir con el horario de entrada (para ellos siempre a las ocho de la mañana).
     En varios instituto he sorprendido a algún alumno tirando una parte más o menos grande de su bocadillo y ocasionalmente me he atrevido a recriminar su mala acción al derrochador, apuntando a su egoísmo en tiempos de crisis y conminándolo a guardar la parte no deseada para llevarla a casa a fin de sugerirle a la madre que pusiera menos cantidad de comida.
   Pero lo que no me había pasado nunca hasta ahora es que, al ir a tirar un papel a la papelera del aula, me encontrase con un bocadillo aún envuelto en su plástico transparente al que sólo se le había dado un mordisco. Lo he mostrado a los alumnos manifestando mi indignación por ese acto de irresponsabilidad, sin conseguir otra cosa que unas risotadas de los presentes, que se acusaban unos a otros de haber sido el culpable.
      Imbuida como estoy de mi papel de educadora justiciera, me he dicho que eso no podía continuar así y que el centro tenía que tomar una iniciativa al respecto, pues una cosa es tirar esa punta de pan industrial al que ya no le queda "chicha" y otra muy distinta arrojar a la papelera más de medio bocadillo. Hoy mismo, aprovechando la reunión de departamento y la presencia de varias compañeras, he expuesto el tema y la necesidad de que, desde dirección, se plantease algún tipo de propuesta con el fin de concienciar a los alumnos de la necesidad de no derrochar la comida y a los padres de estar atentos a lo que dan a sus hijos para desayunar. La respuesta que me ha dado la jefa de mi departamento me ha dejado, más que perpleja, chasqueada, al aducir que poco se podía hacer si quien tiraba el bocadillo era el típico caso de anorexia. 
      Lamentablemente, no se trata de una simple anécdota. Aunque parezca extraño si se tiene en cuenta que su aspecto físico suele estar dentro de la norma social, las adolescentes de familias acomodadas que se niegan a comer son más numerosas que las hijas de trabajadores con ingresos bajos o muy bajos. Una de las razones podría ser la mayor presión que sufren para ser personas de éxito y cumplir con las expectativas depositadas en ellas o que ellas mismas hayan podido forjarse. En cambio, la deseducación que el sistema neoliberal ha provocado entre las clases bajas a fuerza de ofrecerles como referencia personajes vulgares, a los que seguir y a la vez despreciar, parece haber salvado a una gran parte del elemento femenino de ese autoengaño narcisista consistente en destruirse física y psíquicamente en busca de una imagen ideal. 

martes, 20 de agosto de 2013

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA


Plaza del Reloj: Por pequeño que seas, siempre puedes echar una mano

Plaza del Reloj: Madre e hija formando equipo

C/Verdi: Tres generaciones unidas en un mismo esfuerzo

C/ Progrès: Trabajo en cadena: todas tienen una función

C/Ciudad Real: No importa el origen cuando uno se siente parte de algo colectivo

C/ Llibertat: Aprendiendo de los mayores















La denostada Ley Wert ha suprimido la asignatura Educación para la Ciudadanía porque, desde que la instauró la anterior Ley de Educación propuesta por el gobierno socialista de Zapatero, la consideraron una simple herramienta de adoctrinamiento en la que se hablarían de temas que los actuales adolescentes no deberían ni oír nombrar, no fuera a ser que salieran del instituto sabiendo debatir y defendiendo sus propias ideas.
¡Qué poco sabía el ministro de Educación y los miembros de su partido que Educación para la Ciudadanía se había convertido en la mayoría de institutos en una "maría" que se asignaba a profesores faltos de horas en sus respectivas especialidades! No es de extrañar que para hablar de temas de gran calado, como el racismo, la intolerancia, la violencia adolescente, el cambio climático, la clonación, la presión publicitaria, etc. invariablemente se recurriera a películas norteamericanas que se comían la mayoría de horas y que el debate consistía en cumplimentar un cuestionario con inclusión de una casilla para añadir, a voluntad, comentarios personales.
La educación para ser ciudadano, consciente de sus derechos y obligaciones, no puede resumirse en una materia escolar, es un aprendizaje que se da en todos los ámbitos de la vida de la persona y que consiste, básicamente, en hacerse a sí mismo a partir de modelos que la propia comunidad considera ejemplares y dignos de ser transmitidos y conservados.
La obligación de agrupar a los alumnos en un aula en función de su edad, una decisión absurda que nunca ha sido contestada, dificulta, en mi opinión, el aprendizaje por imitación, ya que se presupone que todos los estudiantes tienen el mismo nivel de conocimientos y de ignorancia. 
El famoso pedagogo ruso Lev Vigotsky (http://es.wikipedia.org/wiki/Lev_Vygotski) propugnó, ya a principios del siglo XX (!!) que los niños se agruparan en un aula sin importar la edad de cada uno ya que se suponía que los pequeños podrían aprender de la competencia de los mayores (zona de desarrollo próximo) para alcanzar su potencial (nivel de desarrollo real).
En estas fotos de las tradicionales fiestas del barrio de Gràcia (Barcelona) (http://www.festamajordegracia.cat/) se capta que este aprendizaje es una vivencia real que el niño no percibe como obligación sino que, por el contrario, se siente tan importante y necesario como el adulto, realizando una función acorde a su capacidad y fuerzas. Sin esta participación intergeneracional no es posible que una tradición centenaria como ésta se mantenga.

miércoles, 8 de mayo de 2013

ESTADO DE SHOCK


     Desde mi última entrada en el blog, he tenido muchas experiencias que me han hecho reflexionar acerca de mi trabajo como docente, pero el contexto general hace que éstas pasen a un segundo plano. Nos encontramos en un contexto de recortes generalizados por parte del Estado, gobernado por una derecha gozosamente sometida al dictado de un ente denominado "troica" (FMI, BCE, UE) al que se presenta como la encarnación del rigor y la severidad que España necesita porque sus ciudadanos se han excedido en el disfrute del Estado del Bienestar. Como a niños malos, se nos penaliza con todo tipo de mutilaciones, en los salarios, en el tiempo libre, en las pensiones, en la sanidad, la dependencia, la cultura... presentando los cambios como un mal menor: todo se hace para evitar una catástrofe colosal.

      Los políticos europeos se presentan ante las cámaras (pues no puede decirse que se atrevan -sobre todo en el caso español- a enfrentarse cara a cara con los ciudadanos) compungidos, como el cirujano que abandona la sala de operaciones para comunicar a los familiares (es decir, el pueblo "soberano") el último parte sobre el estado de un paciente que ingresó con pequeñas molestias que han resultado ser un tumor maligno del que no se sabe si saldrá vivo y, si lo hace, será en unas condiciones muy mermadas. El mensaje, semana tras semana, sea en Portugal que en Grecia, en Italia o España, es siempre muy parecido: "A pesar de nuestros esfuerzos, el paciente no mejora y nos hemos visto obligados a amputar un nuevo miembro a fin de garantizar su supervivencia." El estado de shock de los ciudadanos ante un diagnóstico tan dramático les impide reaccionar. Y de que no puedan hacerlo, ni cuestionar su competencia, se encarga "el equipo médico habitual", que mantiene un permanente suspense sobre el pronóstico del enfermo a la vez que niega la posibilidad de un tratamiento distinto (las aportaciones de la oposición se ridiculizan como si fueran ocurrencias ingenuas o ejercicios de deslealtad fruto de la mala fe), e incluso de la eutanasia (la salida del euro).

      Las secuelas psíquicas de la dictadura franquista aún son patentes en la mentalidad española: la indignación no supera el temor a moverse y "perderlo todo", y el resultado es un generalizado encogimiento en lo personal y una resignación en lo colectivo, como si esta crisis sobrevenida, trufada además de revelaciones de prácticas corruptas que afectan a todas las instituciones (sin descartar a la Corona)  fuera un desgraciado cataclismo natural cuyas consecuencias nadie podía imaginar. Y así, los auténticos responsables de la crisis económica ganan tiempo para introducir medidas sociales y económicas que ponen en entredicho las bases democráticas de nuestro sistema político. El lema acuñado por la odiosa y odiada Margaret Thatcher, "No hay alternativas", repetido hasta el sarcasmo, es una manifestación de una concepción despótica del ejercicio del poder, además de una burla a la inteligencia del ciudadano y un desprecio a su capacidad de hallar soluciones eficaces a unos problemas que no ha creado y que, sin embargo, lo tiene como chivo expiatorio. 

        El aumento de los despidos, de los desahucios, los suicidios por motivos económicos, las colas en los comedores sociales, en los bancos de alimentos, el retorno forzado de miles emigrantes que vuelven a sus países con menos de lo que trajeron, por no hablar de los que duermen sobre cartones en el interior de los cajeros de los bancos o que rebusca en los contenedores,... nada de esto parece hacer mella en los gobernantes. Estos, en lugar de guardar un piadoso silencio, se prodigan en declaraciones a cual más insultante. Su catadura moral se retrata en la práctica de una "neolengua", ya anunciada por George Orwell en su ficción distópica "1984", que consiste en envolver con eufemismos (como la famosa "movilidad exterior" de muchos jóvenes licenciados) el drama que se está viviendo en España para que parezca una manifestación de libertad individual cuando en realidad es la puesta en práctica del "Sálvese quien pueda" ante un futuro que se presume aún más negro e insoportable.

      Pero cuando el cuerpo (físico o social) se acostumbra a una situación, por dolorosa que sea, ya es capaz de reaccionar y empezar a tomar medidas para atajar la raíz del mal. En este caso, una parte de la sociedad ha empezado a reivindicar sus derechos, a reclamar la responsabilidad de los causantes de la crisis, a demandar soluciones y no palabras y a denunciar ante la Justicia o las instituciones europeas cuando el Estado incumple con su función de velar por el cumplimiento de las leyes que protegen al ciudadano. Lo hace a través de asociaciones, de plataformas, de manifestaciones, de programas y manifiestos,... Las redes sociales, los medios alternativos se convierten en difusores de esa energía que poco a poco empieza a cuajar y a aglutinarse para romper esta estructura opresora que se niega a aceptar que, si el mundo ha cambiado y ya no volverá a ser como lo conocíamos, también lo ha hecho la base que sustentaba sus privilegios y que, cuanto más alto pretendan elevarse sobre los ciudadanos, MÁS DURA SERÁ LA CAÍDA.

jueves, 1 de noviembre de 2012

NO POR MUCHO MADRUGAR ...

http://www.lavanguardia.com/vida/20121014/54353034765/expertos-piden-retrasar-hora-mejorar-conciliacion-productividad.html





Bueno, pues por fin algún experto está de acuerdo conmigo: el horario español es un asco. Nos levantamos engañados, la mayoría entre las 6.30 y las 8.00 como si fuera una hora razonable. Pero resulta que con el horario de verano son dos horas antes, y con el de invierno "sólo" una. Así que, esta menda se levanta de lunes a miércoles a las 4.10 hora solar y jueves y viernes a las 5.10 para poder llegar a su trabajo, fuera de Barcelona, puntualmente a las ocho o las nueve de la mañana. Aunque tendría que decir, y sin exagerar, de la madrugada, porque cuando salgo es oscuro, pero oscuro como si fueran... las cuatro de la madrugada. ¡Porque son las cuatro de la madrugada!

Después es tópico mundial los extravagantes horarios de los españoles: que si comemos a las dos y cenamos a las diez, cuando la realidad es que son las doce del mediodía y las nada escandalosas ocho de la noche del horario solar.

Como muestra de que el prejuicio sobre la escasa laboriosidad de los españoles lo tenemos interiorizado como si fuera un dogma de fe, explicaré una anécdota extraída de la prensa: El curso pasado, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, fue de viaje oficial a los Estados Unidos y mantuvo una cita con el alcalde de Nueva York o alguna personalidad de esa relevancia. Los diarios no se olvidaron de citar que la cita fue ¡a las 7 de la mañana! incidiendo con ello en la laboriosidad de los anglosajones. Lo que no dicen es que, comparados con nosotros, su horario es propio de haraganes. ¡Ya me gustaría a mí verlos en clase o en el trabajo a las seis de la mañana!

El siguiente tópico es que este horario tan desfasado nos hace poco productivos porque permanecemos en el trabajo de sol a sol. ¡Si es que aún nos acusarán de haberlo decidido colectivamente para poder echar una siesta!

¿Quién fue el genio que lo decidió? Al parecer todo es culpa de Franco, el dictador, que nos puso ese horario para agradecer a la Alemania de Hitler su ayuda para ganar su guerra incivil. Pues ya se le podría haber ocurrido a ese maestro de la perfidia política otra manera de obsequiar a su colega que no implicara cargarse el bienestar físico y mental de una buena parte de los españoles durante tres generaciones.

Así, durante casi setenta años se nos ha mantenido engañados sobre la bondad de esa medida argumentando que el país ahorraba millones de horas en consumo eléctrico porque íbamos al compás del sol. ¡Pues si es para ahorrar energía eléctrica que dejen de emitir las radios y televisiones a las once de la noche! ¡Que se prohiban los pubs y discotecas, los after-hours, las sesiones golfas de los cines, las terrazas de los bares que arruinan el sueño de cientos de miles de personas los fines de semana que a día de hoy ya son de tres noches, por no hablar de las verbenas y las fiestas de barrio que se suceden de semana en semana a lo largo de todo el verano!

Mi reloj biológico no puede con este horario. Cuando tengo que madrugar, y me obligo a ir a la cama como muy tarde a las once y media, me paso la noche en duermevela, en el mejor de los casos, o tratando de dormir en el peor... Luego suena el reloj y, dosificando al máximo el tiempo dedicado a cada uno de mis actos, salgo para tomar el metro y el tren de Cercanías que me conducirá a mi destino laboral.

En el transporte público comparto espacio con gente tan abotargada como yo que intenta prolongar su descanso nocturno manteniendo los ojos cerrados pero sin dejar de prestar atención a los avisos de las estaciones. A veces observo a mis conciudadanos y me pregunto si habrán sido razonables yendo a la cama a una hora que les permitiera dormir al menos seis horas y media. O si se habrán entretenido con un programa de televisión o una búsqueda en Internet que les ayudó a olvidar que al día siguiente tenían que darse un madrugón, letal para su organismo y ¡acabáramos! irrelevante cuando no negativo para el balance económico de la patria que nos impone el sacrificio.

Luego, en el aula, suelo encontrar adolescentes más silenciosos de lo habitual porque su organismo aún no se ha despertado del todo, una pequeña ventaja sobre ellos que me permite dar la clase con cierta comodidad. Según pasen las horas sufriré el espectáculo de los bostezos indisimulados o los gestos de desperezamiento que me obligan a recordar a más de uno que en el instituto hay que "mantener la compostura" y que yo también tengo sueño y no por eso me pongo a desperezarme delante de ellos ni a bostezar como si hubiera pasado una noche loca.

Pero tanto en el trimestre de otoño como en el de primavera siempre hay uno que hace alarde de quedarse dormido, apoyando la cabeza en el pupitre y cerrando los ojos, como si el hecho de mantenerlos cerrados lo fuera a hacer invisible. Es el lamentable prototipo del aspirante a "fracasado escolar", el que hace perder tiempo a los compañeros de aula y a los profesores del equipo docente que, como él, no vislumbran más futuro que pasar de los quince a los dieciséis años para que abandone ese centro y sea dueño de su tiempo.

En el fondo, esa "oveja negra" que se reproduce en todos los rebaños educativos que he tenido ocasión de pastorear no es sino el reflejo del descontento que en el fondo todos compartimos con mayor o menor franqueza por tener que vivir bajo unas normas que no hemos podido decidir ni podemos deshacer.

jueves, 30 de agosto de 2012

OCURRENCIAS DE UNA FASCISTA SIMPÁTICA

"Aguirre quiere que los profesores vigilen a los niños en horario de comida para no cobrar por el 'tupper'"  (The Huffington Post, 27/8/2012)

Licenciada polivalente adaptada a los nuevos tiempos

Si no fuera porque la presidenta de la Comunidad de Madrid "nunca da una puntada sin hilo" (expresión figurada del rico acerbo de la lengua castellana), los lectores de esta noticia podrían pensar que la excelentísima señora ha encontrado la piedra filosofal del ahorro. Siendo un personaje característico de lo más detestable que ha generado el posfranquismo, esto es el "fascista simpático" que no se cansa de generar propuestas demagógicas a cual más populista, sus ideas y proclamas no consiguen ocultar su desdén y menosprecio hacia los trabajadores, hacia todas aquellas personas que se ganan el jornal con esfuerzo (y muchas veces con años de formación y experiencia) y consiguen que cada uno de nosotros podamos llevar a cabo nuestras tareas cotidianas de acuerdo a lo que se espera de nosotros. Si el país no se detiene es porque el 99% cumplimos con nuestras obligaciones, comprometidos y solidarios aun sin saberlo con el resto de nuestros conciudadanos. Mientras, los privilegiados del 1% siguen haciendo gala de su caprichosa voluntad a la hora de asumir la responsabilidad que se les asignó con el voto, cuando no se revelan corruptos y carentes de empatía por las dificultades materiales que ellos mismos han infligido a muchos españoles.

En lugar de pensar en el bien común, se jactan de su condición privilegiada y esgrimen una visión darwinista de la vida, como si su lugar en la sociedad fuera el resultado de un esfuerzo recompensado y no, como cualquiera puede descubrir leyendo sus biografías, una derivación de una inteligencia social programada desde la cuna para elevarse sobre los demás a base de componendas y golpes bajos.

Considerar que un profesor, es decir, un licenciado con una especialidad y unos cursos de formación en didáctica y pedagogía, está obligado a hacer de monitor de comedor para que la comunidad autónoma de turno se ahorre unos euros del contrato de cátering no es una manifestación de ignorancia sino de maldad, una acitud despectiva que persigue laminar la dignidad consustancial  a la tarea docente, una tarea que se ha ido degradando desde muchos frentes y que casi nunca ha contado con el apoyo de las instituciones educativas, sobre todo cuando éstas han caído en manos de la derecha, que no puede entender el binomio "educación pública = educación de calidad".

Son muchos los sociólogos, politólogos y filósofos que alertan de la peligrosa situación en la que nos encontramos, y que no concierne únicamente a los servicios públicos, sino al conjunto de derechos y deberes duramente conquistados tras años, décadas y siglos de sacrificios de las anteriores generaciones. No puede ser que la conmoción, la incredulidad o el estupor nos hagan dudar acerca de la necesaria movilización. No nos estamos jugando el futuro de las próximas generaciones sino nuestro presente.
NOSOTROS SOMOS MÁS, PERO ELLOS TIENEN EL PODER

miércoles, 11 de julio de 2012

HEROÍSMO O EXCELENCIA (1)

El curso se termina con un claustro de todos los profesores en el que se debaten y votan propuestas para el siguiente curso. La polémica está servida.

Educación defiende que el impacto de sus medidas de ahorro en la calidad será “escaso o nulo”
(http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/17/vidayartes/1334691739_723298.html)

La educación de los adolescentes requiere mucha creatividad. Las materias impartidas en todo el orbe occidental derivan, como todo el mundo sabe, del trivium y el quadrivium latino, añadiéndose la educación física sólo desde el siglo XX, cuando se introdujo en las sociedades industriales la noción de higiene física y mental para que el trabajador no sucumbiera tan fácilmente a las penurias del trabajo en las fábricas y a los estragos de un ocio mal encauzado que solía estar representado por las tabernas y los lupanares. En resumen, se trataba de inculcar al habitante de las ciudades las bondades que para su organismo y vida futura cargaba ese lema latino que todos hemos citado alguna vez: mens sana in corpore sano.

Los contenidos de las materias, que actualmente se conocen como el curriculum, llegan a los libros de textos dictadas desde las altas esferas de los departamentos de Educación estatales, se supone que elaboradas por los profesionales más expertos en su campo. Las últimas leyes educativas ponen un énfasis especial en la pedagogía más que en los saberes, pues se considera que cualquier muchacho tiene hoy a su alcance todo el saber que la humanidad ha conseguido acumular a lo largo de los siglos en lo que se ha dado en decir "en un golpe de clic". Sin embargo, como ese saber accesible lo es de forma desordenada (o según el orden que crean los logaritmos de indexación Google), el joven educando necesita asimilar unos criterios para discernir qué saberes son fiables y convenientes para su nivel de formación. Ahí es donde el profesor parece ser, por fin, imprescindible.

La introducción de las tecnologías de la información (TIC) en las aulas no ha sido la revolución pedagógica que se auguraba, principalmente porque ésta depende, primero, de la asignación de recursos a cada centro y, después, de la economía de las familias para financiar el famoso ordenador personal que tan feliz hacía al hoy expresidente Zapatero cuando se llenaba la boca prometiendo uno para cada alumno, y, por supuesto, los libros digitales que sustituirían a los de papel. Sí ha sido interesante que cada aula dispusiera de un proyector para introducir los recursos digitales, de modo que todos los estudiantes están concentrados en el mismo asunto y el profesor puede centrar el interés en un aspecto concreto de la materia, que resulta más atractivo cuando se combinan los elementos visuales y auditivos y exigen una participación activa del alumno.
Es un tópico decir que muchos profesores no aplican las TIC en el aula porque desconocen el manejo de los programas informáticos más comunes y son reacios a desprenderse de la aureola del magister que reina en el aula cuando noquea a la concurrencia con la erudición de sus lecciones magistrales. También se dice que son muchas veces los alumnos quienes tienen que enseñar a los profesores el funcionamiento de las herramientas informáticas y que por ahí el docente pierde mucha de su autoridad intelectual y, por tanto, ascendente moral sobre sus pupilos.


Todo eso es una completa memez.

Nunca he estado en un instituto en el que el alumno supiera más que un profesor. En ninguna materia. Otra cosa es vérselas con un proyector o una pizarra digital que uno no sabe cómo conectar, apagar o regular. Lógicamente, antes de molestar a un compañero profesor se recurre a los alumnos, casi siempre duchos en el arte de toquetear herramientas cuya reparación no van a sufragar si, llegado el caso, las estropean o rompen por su torpeza o brutalidad.
Personalmente, considero un gran avance la introducción de las TIC en la enseñanza porque la ha hecho más amena, variada, rica, plural y motivadora. Y el súmmum es en la enseñanza de lenguas, donde el profesor puede utilizar  recursos que antes costaba mucho adquirir o conseguir, desde un texto literario o periodístico, una canción, un fragmento de película o una realización audiovisual o radiofónica. Hoy día todo esto es accesible desde el ordenador.

Por supuesto, la calidad de los contenidos es heterogénea y una buena programación depende de la selección realizada por los responsables de cada nivel: desde los redactores de los libros, a la jefa de departamento que elige un libro de texto y el profesor que lo enriquece con materiales adicionales. Que los alumnos tengan más ganas de estudiar o trabajar no depende del libro, pero es cierto que sin ellos resulta más comprometido trabajar con determinados grupos de edad.

Este año ha habido un buen lío con el programa 1:1, es decir, la introducción del libro digital en el aula. Para muchos, un fracaso porque se ha hecho de manera precipitada y, como es habitual, la conexión a Internet no ha sido siempre fiable, por no hablar de las veces en las que los alumnos se pasaban a Facebook u otros programas más de su gusto. En mi caso, he recurrido a las TIC para presentar mis propios Power Point con temas de gramática en los que ejemplificaba el ejercicio que les iba a pedir que repitieran. Por supuesto, he encontrado un gran aliado en http://www.francaisfacile.com/, que gusta mucho a los alumnos por su fácil comprensión, así como en la famosa y nunca bien ponderada Carmen Vera y su enlace sobre la canción francófona: http://platea.pntic.mec.es/cvera/hotpot/chansons/. Por supuesto, también ha habido fotocopias de ejercicios clásicos y tipo test, lecturas en voz alta repitiendo lo que dice la profesora, además de algún que otro Youtube, numerosas audiciones para la comprensión oral y una o dos películas por grupo.

En conjunto, los alumnos han gozado de todos los medios a nuestra disposición para ampliar sus conocimientos de francés. Al final, la diferencia de resultados entre unos u otros se debe, sin duda, a la prioridad acordada a la asignatura, a los hábitos de estudio, a la autoestima que se han ido forjando a lo largo de los años en relación con su coeficiente intelectual, a la dinámica de grupo, a la política docente del centro y, en última instancia, a la relación personal que establecen con el profesor de cada materia.
De todos estos puntos, y me dejo por señalar otros tan importante como el refuerzo familiar, los recursos del centro y su entorno socioeconómico,... dos me parecen fundamentales: el de la autoestima personal y el papel del equipo docente.
Por eso se me ha ocurrido titular este post HEROÍSMO O EXCELENCIA.


domingo, 17 de junio de 2012

Funcionarios: ¡A POR ELLOS!

http://economia.elpais.com/economia/2012/06/15/actualidad/1339773152_986213.html
El FMI pide a Rajoy que suba ya el IVA y baje los sueldos a los funcionarios

El pasado jueves se notaba una emoción especial en el instituto. En el vestíbulo aparecían unas reproducciones en cartón de la figura de Tintín y Milou, muy bien recortadas aunque una observación atenta revelaba que el perro era proporcionalmente mucho mayor que el famoso periodista belga. Pero la observación atenta no es, por suerte para este caso, el rasgo más destacado de los usuarios del instituto en el que trabajo (otro día entraré en detalles).
Además de los recortables, había una colección de pósters en color azul, amarillo y blanco en tamaño Din A3 (la "cosa" no da para más) que avanzaban el evento: ELS CATARRES iban a visitar nuestro instituto.
¿ELS CATARRES? ¿Y quiénes son esos? Me lo preguntaba yo igual que muchos otros. Pues resulta que son el grupo musical que ha hecho furor en Cataluña con una letrilla que revela la existencia de dos Cataluñas en la Cataluña que pensaba tener resuelta la integración de los denostados "charnegos" de los años cincuenta a setenta gracias, supuestamente, al efecto benefactor del tiempo y de la inmersión lingüística en catalán.

El leitmotiv de la cancioncilla "Oh, Jenifer, me tunearé el coche por ti" habla de un auténtico sacrificio por amor, un amor prohibido que se desarrollará en discotecas del Baix Llobregat y no en la Cataluña profunda que tanto hace (y deshace) para que la integración deje de ser un tema candente.
Sin embargo, la visita no tenía nada que ver con las Jenifers y los Jordis sino con su otro éxito: Tintín, en el que rompen con el tópico de las canciones de amor: no puedo vivir sin tú, me arrodillo ante ti, etc. No, los Catarres han aprendido a vivir sin el objeto de su amor, "Soy Un Tintín sin su Milú; no tengo a nadie que me salve el culo, y a fuerza de ir levantándome he aprendido a vivir sin ti." ¡Chúpate ésa, marquesa! ¡Por fin el trovador se libera de la dama!
Remei, la profesora del Aula d'acollida, o sea ese limbo educativo al que van a parar los niños recién llegados (nouvinguts, en catalán) de cualquier parte del planeta que ignoran que en Cataluña se habla en catalán, ideó un videoclip en el que sus recién catalanizados alumnos versionarían la canción de los Catarres. Para llevar a cabo la puesta en práctica del ejercicio de inmersión contó con la ayuda del profesor de música, Bernat, un sustituto valenciano con más moral que el alcoyano pues a éste no se le ocurrió, ni más ni menos, que incluir a los alumnos de 1º de la ESO en tan meritorio proyecto.

Sí, he dicho 1º de la ESO, un conjunto de criaturas mayormente sin civilizar cuya ausencia del instituto (¡qué buenos son los profesores que se los llevan de excursión!) la nota uno en el cuerpo porque el sonido ambiental baja a un nivel que la OMS ya puede considerar adecuado para la salud humana. Entre clase y clase son esas criaturas que se hablan a voces, se lanzan unos encima de otros o reciben bofetadas o insultos por parte de las chicas (curiosamente, ellas se besan muchísimo, se hacen trenzas mutuamente en medio de la clase y se llaman cariño). Algunos te llegan contusionados de la media hora de patio porque se han saludado a empellones y, claro, hay que llamar a quienquiera que se encuentre al otro lado del teléfono y escuchar de la madre afectada: "¡Pues vaya instituto que no tiene a ningún profesor vigilando!", y una, que como no es funcionaria ni tutora y por tanto no va a verse las caras con ese macro-arquetipo de madre suburbial, le suelta: "Señora, parece mentira que no sepa que todos los niños son unos bestias y que andan todo el día a golpes y, que, además nosotros no tenemos que educarlos: tienen que venir educados de casa." Y dentro de clase, son esas criaturas que cuando me toca hacerles una guardia, se me gasta la voz, acabo echando a cuatro o cinco de la clase y si la clase es la mía, por suerte un desdoblamiento en el que sólo hay doce o catorce, directamente la empiezo echándolos de tres en tres, quedándome con cinco en total, o arrepintiéndome de no haberlos echado de tres en tres desde el principio de clase, como me piden los que sí están algo civilizados, y son conscientes de que, por mera ósmosis, corren el peligro de perder esa capa de autocontrol que seguramente incorporaron en un colegio concertado.

Bien, pues ese material humano fue el que se prestó a obedecer las órdenes de la Remei y el Bernat y repetir cuantas veces se les pidiera las tomas que contiene el vídeoclip. La realización se ve condicionada por lo vetusto de la tecnología, incluidos los saltos en los giros del trípode, pero, bueno, así empezó Méliès y hoy lo veneramos.

Como suele pasar con los vídeoclips, y tal vez en el futuro surjan doctorandos que lo expliquen  aludiendo al desfase entre superestructura (las ideas) e infraestructura (la tecnología),  lo que cuenta la historia tiene poco o nada que ver con la canción. En éste se ve a un grupo de chavales en completo silencio en la biblioteca de un centro escolar (espacio que se reconoce por ese inconfundible color verde que sólo se encuentra en los pupitres españoles). Al cabo de cincuenta minutos (según reza el rótulo), todos dejan la lectura, se levantan en silencio y, sin aspavientos, van devolviendo sus libros a los estantes y abandonan la sala en orden y sin intercambiar palabra.  Absorto en un álbum de Tintín se queda un rubio con aspecto de futuro guardián de discoteca, que es el que da paso a la coreografía planeada por Remei y Bernat, en la que todos esos chavalillos y chavalillas se mueven al ritmo que marca la música, lo que no quiere decir que bien ni coordinados.

Bien, pues este esfuerzo de semanas se resume en unos cinco minutos que, como se ve en las fotografías, hizo las delicias de los augustos invitados. Y aun no siendo una semióloga, sí logra leer en las expresiones de los tres cantantes una enternecida y halagada satisfacción.

Por mi parte, me ha quedado claro que el videoclip no puede adscribirse al estilo verista (aunque al final de la secuencia de la biblioteca un chaval se sube los pantalones al tiempo que camina y eso es un hallazgo interpretativo que ni el mejor Robert de Niro habría sabido improvisar) y que todo él demuestra que la constancia es una virtud que aún no han perdido muchos docentes, y si el Vaticano quiere recuperar la credibilidad y ponerse al compás de los tiempos, no dejará de hacerse eco de este milagro y guardar un hueco en el santoral para cuando dentro de muchísimos años estos colegas de la pública lleguen al Aula de Acogida que seguramente tendrá en su cielo ese al que se conoce como el auténtico Creador. (Aquí, tal vez el Vaticano demandaría el making-off como prueba de que no se torturó a ningún menor, pero comprenderán que, si el equipo hubiera dispuesto de dos cámaras, no iba a utilizar una de ellas para ponerse en evidencia con los métodos de coerción empleados para conseguir que los de 1º de la ESO no acabaran matándose por ser el protagonista.)