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jueves, 13 de noviembre de 2014

ODIO EL INGLÉS

http://www.elmundotoday.com/2014/02/cientificos-de-la-universidad-de-cambridge-confirman-que-los-espanoles-no-pueden-aprender-ingles/






      No sé cómo más lo puedo decir: no tiene ningún sentido intentar enseñar un idioma a niños que no tienen la menor intención de aprenderlo. Es agotador estar cada día presentando los mismos temas y ejercicios, año tras año, sin que esos conocimientos hagan mella en los alumnos.
     Toda la industria de la enseñanza del inglés parece estar pensada para que se aprenda algo pero no mucho, para tener enganchados durante décadas a los españoles al aprendizaje del inglés, con el consiguiente gasto en academias, libros y demás materiales adicionales.
Por mucho que se diga, ni siquiera el acercamiento temprano tiene el menor efecto cuando no hay un entorno de interés por el idioma. Además, la estúpida comparación con otros países, principalmente del norte de Europa, no tiene en cuenta que esos países comparten unas raíces lingüísticas al ser lenguas germánicas. ¡Faltaría más que los alemanes, los suecos y los alemanes u holandeses no tuviesen facilidad para asimilarlo! A los españoles tampoco nos cuesta mucho entender el italiano, y los catalanes encuentran un montón de similitudes con el francés, pues no en vano tuvieron una época en la que ambas lenguas estaban más que "en contacto". ¡Si eran el mismo idioma!
   Pero no hay nada que hacer, el provincialismo de nuestros gobernantes, con complejo de monolingües porque en sus tiempo el don de lenguas era propio de niños ricos, ahora quieren que el español medio adopte una lengua cuya cultura no tiene nada que ver con la suya si no es la imposición imperialista de la sociedad de consumo llegada de Estados Unidos.
      Y aquí nos tenemos, escuchando voces engoladas que crean situaciones repetidas una y mil veces pero planas, sin un contexto real para poder hallar un punto de referencia, como sí sucede con el francés o el italiano, por no hablar del sueco (la lengua que he estado estudiando en los últimos tres años).
Enseñar inglés es para mí una tortura de primer calibre y estoy cada día de mal humor por la escasa efectividad de las clases. Los alumnos no son capaces de generar frases por sí solos, como mucho pueden copiar un modelo y hacer una variación de una o dos palabras, con la esperanza de que mediante la repetición se llegue a asimilar alguna estructura.
      Acaba de empezar el curso y ya estoy harta de todo. Con uno de los cursos, el de tercero, ya he decidido que no me voy a quemar intentando que estudien para un examen. Con la ley del mínimo esfuerzo, lo único que puedo conseguir es que dos o tres se miren la lección pero sin que eso comporte que estudien y sepan resolver los exámenes, que ya están pensados según tres niveles de dificultad indicados por estrellas, siendo la una la de adaptación para el inútil de la clase, y la de tres estrellas para quienes tienen un nivel correcto, casi siempre resultado de su asistencia a clases en una academia en horario extraescolar.
      Y no se trata de que las clases se impartan o no en la lengua extranjera si no hay interés en aprender o los contenidos son solo superficiales o no hay un contacto directo y real con la lengua, que no sea el socorrido viaje a Londres, una ciudad excesivamente grande como para que los chavales tengan la ocasión de hablar con los habitantes en situaciones cotidianas, máxime si se tiene en cuenta que los servicios orientados a los turistas, mal pagados, los gestionan y llevan personas de países no británicos cuyo conocimiento del inglés es básico.
    Ojalá haya alguien con cierto nivel de inteligencia y sin complejos de niño pobre para analizar estas cifras de fracaso escolar constante y se atreva a rectificar esta imposición que tanto ha empobrecido a los españoles y tanto ha enriquecido a la industria editorial y turística de los países anglosajones.

viernes, 31 de octubre de 2014

¿PROFESORA O DISC JOCKEY?

          Como profesora de idiomas, siempre intento presentar el máximo de recursos de aprendizaje a mi alcance, y las nuevas tecnologías han facilitado la enseñanza y el aprendizaje a quien quiera aprovecharlas. Antes de que todas (o casi todas) las aulas estuviesen equipadas con el correspondiente cañón de proyección y su libro digital, el máximo avance era contar con una recopilación de canciones grabadas a partir de CDs originales o de grabaciones de la radio, por no remontarme a las copias de cassette a cassette que algún buen amigo se avenía a hacer a partir de su colección discográfica o porque su equipo musical contaba con la opción de hacer copias de cintas.
           La aparición de Internet y posteriormente de Youtube y similares es algo parecido a un sueño hecho realidad para el amante de las lenguas autodidacta. Esa torre de Babel es una tentación por la cantidad y la variedad de la oferta. Y ese espíritu universal se expande con el altruismo de muchos usuarios, personas que se toman el tiempo de juntar imágenes para crear videoclips para sus canciones favoritas, e incluso llegan a incrustar subtítulos para poder seguir las canciones palabra a palabra. No hay duda de que nos encontramos ante un fenómeno que ya no tiene vuelta atrás y que, sin dejar de respetar el derecho a la propiedad intelectual, es lógico que si el recipiente es gratuito también lo sea el uso y disfrute.
          Gracias a eso yo puedo descubrir pequeños tesoros en forma de fragmentos de películas olvidadas o de múltiples versiones de una misma canción para comparar la moderna con la antigua. ¡Cómo iba yo a imaginar que la estúpida canción de la belga Kate Ryan Ella, Ella elle l'a era una versión comercial de una pequeña joya cantada por la ya no tan joven France Gall como homenaje a la venerable Ella Fitzgerald (y que también retoma estúpidamente ese invento llamado Alizée! Recuerdo todavía con horror e indignación los gritos que hace ya tres años daba una alumna cuando escogí la versión original: "¡Más rápido, más rápido!", gritaba como una poseída desde un lateral de la clase. Estaba claro que la letra les importaba un pepino, lo que importaba era el ritmo, los movimientos corporales sugerentes, la escenificación estridente o sentimentaloide... Una alienación voluntaria por parte de los adolescentes.
       No me extraña, pues, que mis colegas del departamento de Inglés aceptaran sin cuestionar su conveniencia la canción que la editorial del libro de texto (algún día habrá que entrar a fondo en el análisis de esas industrias de enseñanza del inglés y su posible relación con el fracaso ofrecía como material adicional para preparar la fiesta de Halloween: la famosa ZOMBIE de "The Cranberries", que es un alegato contra la indiferencia ante la situación de Irlanda del Norte por la guerra entre el IRA y las fuerzas militares comandadas por el Estado británico. 
          Mientras sonaba hasta tres veces la canción para que pudieran completar el típico ejercicio de rellenar los espacios vacíos, yo observaba las caras de mis alumnos de tercero de ESO, uno de los grupos con menos posibilidades de aprender inglés que he conocido hasta el momento. Esos muchachos que parecen ir a comerse el mundo con su negativa a seguir las normas que tanto bien harían a su desarrollo intelectual, miraban con expresión seria la combinación de violencia y simbolismo pagano y religioso como quien trata de entender un código del que ignora todas las normas y componentes. No es una anécdota irrelevante que fuese un chico marroquí quien dijera que la cruz simbolizaba a Jesucristo cuando dos alumnos españoles dijeran que el crucificado fue Dios... 
         Tampoco es un hecho aislado que cada vez que pongo una canción para trabajarla se produzca una algarabía de protestas y peticiones de títulos que muchas veces nada tienen que ver con la materia, como si en lugar de una clase se tratara de un programa radiofónico de canciones dedicadas. Los títulos que ellos escuchan siempre me parecen para una edad superior a la de ellos, confirmando así la tendencia a quemar etapas vitales cada vez más con más rapidez de la que se hacen eco los medios de comunicación.
Pero como yo tengo muy en cuenta mi precaria situación laboral y mi importante función social, persevero en la idea de que las canciones escogidas tengan un "mensaje" y a ser posible un argumento inteligible y engarzado en la tradición cultural del país, sea Francia o ahora Reino Unido o Estados Unidos (omito en el acerbo la Francofonía o la Commonwealth), además de ser las apropiadas para la edad de los aprendices.
        Y así fue como, mediante una hábil búsqueda en Google ("Halloween songs" se extendió a "Halloween songs for kids") llegué a esta simpática canción que parece pensada para ser cantada en un aula y cuyo título está en perfecta sintonía con su contenido. 
Aun así, aunque casi la mitad (¡todo un éxito!) de la clase de primero de ESO permaneció atenta y se atrevió a cantarla mientras la otra mitad se dedicó a boicotear la actividad mofándose del vídeo y demandando otros títulos e incluso la proyección de una película de miedo. ¡Bendita infancia!

viernes, 11 de octubre de 2013

EL HAMBRE Y LAS GANAS DE COMER




Papelera del patio de un instituto público



     El curso ha empezado igual que acabó, con malas noticias sobre el futuro de la enseñanza pública. Como en los cursos pasados, ha aumentado el número de alumnos pero ha descendido el de profesores. Los funcionarios siguen en sus plazas, algunos contando los meses o días que les quedan para cumplir los sesenta años y jubilarse después de haber cotizado más de treinta años a la Seguridad Social. He coincidido con varios de ellos y todos se las prometen muy felices en su futuro estado laboral porque tienen muchos planes para seguir disfrutando del tiempo libre y olvidar el malestar que ha ido en aumento con las sucesivas reformas educativas.
     Muchos de los que llevaban años encadenando vacantes como interinos, es decir, con un contrato del 1 de septiembre al 31 de agosto, ahora han descendido a la categoría de sustitutos, de esos a los que se fulmina el 30 de junio sin importar si el profesor sustituido se ha reincorporado o no (con el perjuicio que puede ocasionar al centro al tener que volver a solicitar un nuevo sustituto en septiembre).
En mi caso, como siempre he estado en la categoría de sustituta, no puedo sino alegrarme de haber empezado el curso ocupando el lugar de la titular, y con la promesa en el aire de acabar el curso en el mismo puesto. Las ventajas de esa condición son varias, la más importante el que los alumnos me perciban como "la auténtica", la que pone las notas y la que, hablando crudamente, "la que corta el bacalao".
    El centro en el que trabajo está situado en una zona residencial, aunque periférica, que recibe alumnos de otras poblaciones limítrofes también acomodadas. Su mejor estatus económico se percibe en muchos aspectos, contándose entre los más importantes el mayor porcentaje de alumno no inmigrante (con una numerosa muestra de alumnos con apellidos de otros países europeos) y un porcentaje muy bajo de alumnos obesos. De hecho, me atrevería a afirmar que una gran parte de los alumnos están dentro del peso adecuado para su altura y edad, con un alto predominio de alumnas de los cursos iniciales (1º y 2º ESO) cuyo aspecto aún es el de las niñas prepúberes. 
Los martes tengo adjudicada la guardia de patio y, junto con otros tres profesores, me ocupo de que los menores se mantengan dentro del recinto. En la media hora de recreo los alumnos pueden desayunar lo poco que ofrece la cantina o comer lo que sus madres les hayan preparado. Lo habitual es verlos salir con un bocadillo envuelto en papel de aluminio (señal de que este instituto no se ha unido a la red de Escolas Verdes) cuya longitud a veces me deja con los ojos abiertos, hasta que una recuerda que se trata de adolescentes muy activos y en proceso de desarrollo. También puede deberse a que, como me confiesan algunos, han llegado al instituto sin haber probado bocado ni bebido un triste vaso de leche con colacao por las prisas para cumplir con el horario de entrada (para ellos siempre a las ocho de la mañana).
     En varios instituto he sorprendido a algún alumno tirando una parte más o menos grande de su bocadillo y ocasionalmente me he atrevido a recriminar su mala acción al derrochador, apuntando a su egoísmo en tiempos de crisis y conminándolo a guardar la parte no deseada para llevarla a casa a fin de sugerirle a la madre que pusiera menos cantidad de comida.
   Pero lo que no me había pasado nunca hasta ahora es que, al ir a tirar un papel a la papelera del aula, me encontrase con un bocadillo aún envuelto en su plástico transparente al que sólo se le había dado un mordisco. Lo he mostrado a los alumnos manifestando mi indignación por ese acto de irresponsabilidad, sin conseguir otra cosa que unas risotadas de los presentes, que se acusaban unos a otros de haber sido el culpable.
      Imbuida como estoy de mi papel de educadora justiciera, me he dicho que eso no podía continuar así y que el centro tenía que tomar una iniciativa al respecto, pues una cosa es tirar esa punta de pan industrial al que ya no le queda "chicha" y otra muy distinta arrojar a la papelera más de medio bocadillo. Hoy mismo, aprovechando la reunión de departamento y la presencia de varias compañeras, he expuesto el tema y la necesidad de que, desde dirección, se plantease algún tipo de propuesta con el fin de concienciar a los alumnos de la necesidad de no derrochar la comida y a los padres de estar atentos a lo que dan a sus hijos para desayunar. La respuesta que me ha dado la jefa de mi departamento me ha dejado, más que perpleja, chasqueada, al aducir que poco se podía hacer si quien tiraba el bocadillo era el típico caso de anorexia. 
      Lamentablemente, no se trata de una simple anécdota. Aunque parezca extraño si se tiene en cuenta que su aspecto físico suele estar dentro de la norma social, las adolescentes de familias acomodadas que se niegan a comer son más numerosas que las hijas de trabajadores con ingresos bajos o muy bajos. Una de las razones podría ser la mayor presión que sufren para ser personas de éxito y cumplir con las expectativas depositadas en ellas o que ellas mismas hayan podido forjarse. En cambio, la deseducación que el sistema neoliberal ha provocado entre las clases bajas a fuerza de ofrecerles como referencia personajes vulgares, a los que seguir y a la vez despreciar, parece haber salvado a una gran parte del elemento femenino de ese autoengaño narcisista consistente en destruirse física y psíquicamente en busca de una imagen ideal. 

domingo, 30 de octubre de 2011

MARY POPPINS Y LA MADRASTRA



       Las despedidas de los institutos también tienen su peculiaridades. Unas veces se entra con buen pie en un grupo o incluso en todo el instituto y el trabajo y una misma son bien recibidos por los alumnos, hecho que, como dice el que le escribe los discursos al Rey, "es motivo de honda satisfacción".
      A veces, en cambio, se tiene la impresión de estar usurpando el puesto de una dama maravillosa (porque en Francés siempre son mujeres), un dechado de virtudes que en pocos meses parecía haber desentrañado los misterios de la adolescencia y con su carisma y comprensión conquistado el corazón de ese público exigente, imprevisible y contradictorio que se comporta y considera a sí mismo como un cliente abonado a un gran espectáculo. Esos mismos que, cuando la tarea o la exigencia les resultan ingratas, te miran como a la Madrastra de Blancanieves y hacen la pregunta clave: "¿Cuándo vendrá la profesora? 
     Los mismos, por cierto, que se levantan como una sola voz indignados ante la previsión de un examen: "Pero, ¿cómo vamos a hacer un examen? ¡Si no sabemos nada!" Si mi respuesta es que estaba programado y ellos avisados y que yo me limito a transmitir el mensaje, la respuesta apenas presenta variaciones de un centro a otro: "Con Fulanita nunca hacemos nada. a) En todo lo que va de curso sólo hemos hecho tres páginas/lecciones. b) En los tres meses/años que llevamos con ella ha estado de baja un montón de veces. c) Sólo nos pone películas. d) Yo no pienso hacer el examen/Tenemos 3 exámenes ese día. ¿Por qué no lo dejamos para la semana siguiente/¡No hay derecho! Vamos a quejarnos ahora mismo al/la tutor/a."
     Puede suceder que la profesora de baja, a la que yo denomino "La meva malalta" (o sea, "mi enferma"), realmente sea laxa en el desempeño de sus funciones y que eso se conjugue con un sincero afán de aprender por parte de algunos alumnos, que se han sentido abandonados o menospreciados por parte de la docente en cuestión. Estos son los que mejor me reciben y los que parecen creer en la posibilidad de rehabilitarse moral o intelectualmente con una profesora sustituta.
       Cuando llega el momento de la despedida, unos verbalizan la decepción por mi partida de una forma educada y amable, cosa que me halaga y me hace sentir la sensación de "misión cumplida" y de cerrar el ciclo correctamente antes de disponerme a recibir un nuevo destino. También se ha dado el caso de que tanto ellos como yo estemos deseando que finalice el periodo de sustitución. En un instituto del Vallés Oriental al que no volvería ni loca me prepararon las alumnas de 4º de la ESO una anti-despedida que pretendía ser humillante pero que yo convertí en un encierro de una hora y que consideré un castigo más para ellas que para mí porque les suponía una hora menos de docencia y, por tanto, de conocimientos.
     Sin embargo, la más entrañable por su espontaneidad es la que recibí en el primer instituto en el que he estado este curso. En el grupo de 3º de la ESO sólo tuve la oportunidad de dar una clase porque los alumnos habían estado comprometidos con una conferencia y una salida. Al terminar la lección e informar de que el lunes siguiente ya tendrían a la titular de vuelta, una niña que había permanecido en la tercera fila sin destacarse especialmente me dijo: "¡Oh, yo no quiero que te vayas! Con la otra me duermo en todas las clases y contigo no me he dormido ni un minuto!"
      Junto con el saludo que aparece transcrito en la pizarra de la foto, creo que es el mejor cumplido que puede hacerte hoy día un alumno de Secundaria.



lunes, 29 de agosto de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS, o el arte infinitamente fecundo (3)


Como decía en el post anterior, es la condición de padre la que provocó en el artista una de las reinterpretaciones más interesantes del cuento de Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan: la de los adolescentes que vemos en la pantalla de vídeo.

Para Faustí Llucià, la adolescencia es ese periodo en el que el joven se plantea su destino como un camino y esa Y actúa en el propio relato vital como una disyuntiva más que como una conjunción copulativa: hacer esto o aquello, decidirse por esto y por lo otro... Es una fase muy rica y de mucho desgaste que, desde el exterior, se percibe básicamente como un caos egocéntrico en el que el nuevo ser que ya no es un niño lo desea todo pero no está dispuesto a perder nada. No sería muy exagerado decir que a esas edades, también llamadas "ingratas", el deseo lo es todo. Y, sin embargo, los que tienen hijos cruzando esa travesía relatan la comunicación con el adolescente como el enésimo choque contra una fortaleza inexpugnable que, como mucho, baja el portalón para que se le introduzca comida (y seguir así soportando el asedio de las muchas expectativas adultas). Puede sonar hiperbólico, pero los padres como cronistas tienen menos credibilidad que un espejo con el azogue deslustrado.

Y aquí es donde la iniciativa de Faustí de sacar a los adolescentes de su contexto habitual como grupo, la clase, para solicitarles que lean el cuento y escojan los términos unidos por la Y con los que más se identifiquen o les gusten, supera su condición de experiencia artística para ser también educativa, en el sentido más rico del término: la educación como formación, como construcción, como representación, y no como simple adquisición de saberes.

Por supuesto que habrá estado bien que los alumnos lean una obra de Borges, y máxime siendo ésta corta y tener de ingredientes la sencillez constructiva, la linealidad narrativa, una intriga que acompaña a la fatalidad agazapada en las opciones personales y a la satisfacción del cumplimiento del propio destino. Todos estos elementos se habrán derramado consciente o inconscientemente por sus mentes, se habrán cruzado y solapado con sus experiencias y habrán ampliado sus miras para reconoce que la buena literatura, como el buen arte en general, también habla de ellos.

Es este punto, derivado de una experiencia que rompe con la rutina del aula, el que puede entroncar realmente con las buenas intenciones desplegadas en la (¡y van!) nueva Ley de Educación que estructura el itinerario formativo en ocho competencias básicas. Precisamente la (1) competencia lingüística actúa aquí como aliciente de las siguientes convocadas, que son la (5) social y ciudadana, porque los jóvenes participantes demuestran empatía al aceptar entrar en un proyecto creativo ajeno; la (6) cultural y artística, porque tienen que encarar la experiencia desde su vinculación con una tradición y asimismo proyectarla como algo original, nunca visto; la (7) de aprender a aprender, porque se enfrentan al texto y a la actuación delante de la cámara desde sus propios parámetros; y la (8) de autonomía e iniciativa personal, porque desde su propia libertad eligieron qué elementos del texto hacían suyos para decirlos ante la cámara.

Por estos argumentos he ampliado el título de estos 3 posts con la apostilla, "el arte infinitamente fecundo". Porque se trata de que existió un escritor que leyó mucho y amó mucho todo lo que leyó y ese amor dio a luz una infinidad de relatos que saciaron el anhelo de fantasías y conocimientos de miles y miles de lectores de todo el mundo, muchos de los cuales llegaron a su obra a través de la recomendación de algún amigo, maestro o un ser querido, y a su vez mantuvieron la cadena de recomendaciones para que la obra de Borges enriqueciera la vida de otros anhelantes lectores.

Entre esos lectores hubo uno (al que me imagino estirado en un sofá dispuesto a pasar un buen rato) que se complació con la historia narrada pero que sintió que algo lo alertaba de que aquella sintaxis, pensada para hipnotizarlo y conducirlo hacia un final incuestionable, resonaba como el eco de una vivencia propia muy cercana en el tiempo: la de su hijo entrando en la adolescencia, tal vez sometido a una tormenta de disyuntivas y elecciones ante lo que podría ser su futuro. Y, cuando acaba la lectura, sabe que ésta no quedará ahí, que la despiezará para hallar los detalles que punzan y hieren y creará con ellos una obra también fragmentada que cobrará un sentido nuevo, para él y para quien se sienta interpelado por el prado de conjunciones y el monótono bucle de primeros planos enunciando una enigmática sucesión de mantras que tienen como finalidad recordarnos que todos vamos a morir. Y, como el protagonista del cuento, que cada elección es un sendero que se bifurca.

lunes, 31 de mayo de 2010

UN COLEGIO PROHIBE... (2)

"Una escuela australiana prohíbe los abrazos durante el recreo." (Público.es)


¿Qué ha pasado desde entonces? Pues al menos treinta años y con ellos toda una contrarrevolución conservadora cuyos efectos ya apuntaba la Pulitzer de 1991 Susan Faludi en su magnífico ensayo Reacción, la guerra no declarada contra la mujer moderna (Anagrama).
Uno de esos efectos ha sido la extrema cosificación del cuerpo humano, convertido en objeto de consumo para uno mismo y para los demás, sometido a la mirada escrutadora e implacable de ese ojo social totalitario, que se materializa en la ubicuidad de los soportes gráficos y la confusión que rige en los medios entre información y publicidad y que hace de todo y de todos modelos de uso y consumo.
La revolución sexual de los sesenta y setenta se ha contrarrestado por un lado propagando el miedo al Otro mediante el uso interesado de una enfermedad de aparición tan "oportuna" para los intereses reaccionarios como el Sida, logrando anular a través de campañas de amedrentamiento general la espontaneidad que debería reinar en las relaciones entre esos hombres y mujeres que por fin podían considerarse semejantes después de librarse de la oscura amenaza de los embarazos no deseados.
Y por el otro lado, la generalización de la Pornografía como sexualidad de referencia. No conformes con multiplicar su presencia en revistas y programas de radio o TV, los actores porno se ven aúpados a la categoría de maestros del Ars Amandi, dando consejos o lecciones en libros o Salones del Erotismo (muchas veces subvencionados con dinero público con el pretexto de ser una "industria" que crea puestos de trabajo).
Justo por estas fechas me encontraba el curso pasado haciendo una sustitución que coincidía con la semana en la que se lleva a cabo el Crédito de Síntesis. Yo tenía horas de Biblioteca y allí acudían los alumnos cuando tenían que consultar alguna información para completar sus tareas. Mi función era facilitarles el acceso y procurar que ninguno se dedicara a ocupar un ordenador en horas de clase para juegos on-line. Así que, cuál no sería mi sorpresa cuando me encuentro a unos alumnos de 1º de ESO frente a un Plano de Detalle de unos genitales femeninos extraída de una colección de imágenes pornográficas. Cuando les llamé la atención al respecto, uno de los chicos me dijo con toda la seriedad del mundo que sólo trataba de rebatir a su compañero algún dato en el que, al parecer, éste estaba totalmente equivocado a tenor de lo que había dicho su profesora en alguna clase de Ciencias. ¡En fin! Tanto si lo que decía era cierto como si no, lo que si era preocupante es que incluso para ilustrar un tema de ¿Biología? las imágenes pornográficas fueran lo primero que los chavales se encontraban en la Red.

Sin olvidar las series con protagonismo juvenil en las que supuestos adolescentes viven con una libertad económica y sexual que ya quisieran muchos treintañeros. En ellas, tanto si son de intriga como costumbristas, los jóvenes parecen obligados a emparejarse unos con otros o, peor, con profesores o adultos en relaciones que sirven para alargar las tramas pero que traspasadas a la vida real serían fuente de conflictos con muy poco encanto.
(Continuará)





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miércoles, 19 de mayo de 2010

NOSTALGIA DEL MUNDO ZOMBIE



Ayer me encontré con una colega con la que coincidí en un instituto de la comarca del Vallés Oriental en 2009. Me decía que debido a la crisis era posible que tampoco hubiera oposiciones en 2011 (las de este año cayeron para mantener las de primaria). Para mí esta posibilidad es un temor y un alivio y no creo que haga falta detallar el porqué de esas sensaciones.
      La compañera lleva varios años impartiendo clases de Inglés y comparte con la mayoría del profesorado la valoración sobre el estado (¿irrecuperable?) del alumnado de Secundaria en los centros públicos. En comparación con la escuela concertada, la pública sale muy mal parada, por más que el sueldo sea superior y las horas de clase y de permanencia en el centro inferiores.
    Para mí, hoy por hoy la única opción factible es la pública, justamente por esas dos condiciones. El tiempo para recuperarme física y mentalmente del viaje en tren y el contacto con los adolescentes es imprescindible para mi supervivencia. También para llevar la doble vida como artista a la que aspiro y por la que me adentré en este extraño mundo poblado de seres mutantes.