lunes, 19 de septiembre de 2011

ANALFABETOS POLÍGLOTAS

http://www.lavanguardia.com/politica/20110919/54218729835/junqueras-deshecha-repetir-la-coalicion-con-psc-e-icv-en-el-senado.html



"Junqueras deshecha repetir la coalición con psc e icv en el senado"

"Duran insta a Rubalcaba a hacer más por el catalán y [a] eliminar la tercera hora de castellano"

Parece mentira, pero estos dos titulares se publicaron en la misma edición de La Vanguardia. En la primera noticia se informa de la clara determinación de los miembros del partido independentista catalán ERC de no coaligarse de nuevo con PSC e ICV, que tan malos réditos le dieron. El periodista se confunde con la ortografía y pone "deshecha" en lugar de "desecha", que sería el verbo elegido, aunque dentro del contexto resulta más certero poner "descarta". Si un periodista que escribe en castellano no percibe el garrafal error cometido, y tiene que ser un/a lector/a quien se lo descubra, mal vamos en materia de ortografía castellana.

En la segunda noticia, además del error de ignorar que se "insta a", el contenido de la noticia insiste en una de las constantes de las "lenguas en conflicto". La solución al problema del escaso conocimiento del catalán parece que se halla, según el político Duran i Lleida, en que se imparta una hora más que el castellano; o que es lo mismo, que el castellano se imparta como una segunda lengua extranjera, ya que el inglés no perderá ninguna de sus tres horas semanales sino que, al contrario, se intentará potenciarlo haciendo que algunos docentes impartan materias no lingüísticas en la lengua de Shakeaspeare y Lady Gaga.

Cada año, cuando se acercan los exámenes de Selectividad, se plantea el tema de la mayor o menos dificultad de los exámenes de Lengua Castellana en comparación con los de Catalán. Los profesores que habitualmente acompañan a sus alumnos afirman que los primeros son elementales y que eso se debe a una estrategia política destinada a convencer a los anticatalanes de que el castellano no está discriminado en las aulas, y que las notas de los examinandos lo demuestran año tras año.

Sea cierto o una leyenda docente más, el caso es que el conocimiento y dominio de la ortografía va en retroceso, como si fuera una vergüenza detenerse en su aprendizaje, una coacción a la libertad de expresarse tal como uno siente y desea.

Recientemente introduje un mensaje en el muro de Facebook del sindicato catalán USTEC en el que pedía que se cuidara la ortografía porque me dañaba la vista y la moral, además de estar dando un dejemplo pésimo. Además de algunas adhesiones conseguí unas cuantas críticas de participantes ofendidas porque se daban por aludidas de ese nulo conocimiento o esmero en expresarse en su propio idioma, fuera éste catalán o castellano, aunque principalmente era el primero. Las excusas que daban eran a veces peregrinas y una de ellas era, sencillamente, ¡que no estaban en el aula y podían escribir como quisieran!

P.S.: Esta fotografía la tomé la semana pasada en el instituto Angeleta Ferrer de Sant Cugat del Vallés, un oasis educativo en el que todos los profesores con los que hablé coincidían en ensalzar las virtudes del alumnado por su predisposición al aprendizaje y el respeto generalizado. Las causas de esa excelencia (una profesora llegó a decir que allí el porcentaje de alumnos capaces de alcanzarla era del 30-40%) merecen horas de reflexión y en el siguiente post me detendré a pensar por escrito en ellas.








lunes, 5 de septiembre de 2011

BUENAS MANERAS y MALAS PRÁCTICAS


http://www.publico.es/espana/394594/aguirre-envia-una-carta-con-faltas-de-ortografia-a-21-000-profesores

La polémica sobre la carta con faltas de ortografía enviada a los profesores de Secundaria por la presidenta de la Comunidad de Madrid ha resultado un claro ejemplo de la necesidad de insistir en lo más básico: escribir correctamente. En el caso de Madrid no existe la excusa del bilingüismo y la contaminación de idiomas. Es un caso flagrante de incompetencia, además de ejemplo de mala educación y falta de respeto hacia los profesionales. Desgraciadamente, se repiten los tópicos acerca de las pocas horas de trabajo de los docentes, asimilando las horas de clase con las horas de trabajo. Por fortuna, el ingenio ciudadano ha encontrado rápidamente símiles acordes con los tiempos para visualizar el grado de demagogia lingüística que emplea la que fuera ministra de Cultura en el gobierno de Aznar:

"Decir que los profesores sólo trabajan cuando dan clase es lo mismo que decir que Casillas sólo trabaja cuando está delante de la portería."

Otro también representativo: "Decir que un profesor sólo trabaja cuando da clases es como decir que el presentador del Telediario sólo trabaja la media hora que sale en pantalla."

Nos encontramos en una fase de acoso y derribo de los servicios públicos de la democracia por parte de un colectivo minoritario al que sólo le interesa el lucro personal y que, sin embargo, utiliza todos los beneficios de la lucha de clases conseguidos sin su participación y a su pesar para alcanzar la representación de la ciudadanía y derribar desde lo alto los logros que harían de nuestra sociedad una más igualitaria y cohesionada.

¡FASCISTAS FUERA!

P.S.: Esta fotografía la tomé cuando daba clases particulares a niños de primaria después de finalizar el plazo de disfrute de mi beca de Doctorado y cuando apenas me quedaba un año para terminar la redacción de mi tesis doctoral. Este niño tenía dificultades para seguir ciertas materias, sobre todo porque se distraía y aburría. Le hice esta foto para que la recordara al cabo de un tiempo y se diera cuenta de lo mucho que había aprendido y que el esfuerzo había merecido la pena. Ahora ya es licenciado y tiene su propio negocio.

lunes, 29 de agosto de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS, o el arte infinitamente fecundo (3)


Como decía en el post anterior, es la condición de padre la que provocó en el artista una de las reinterpretaciones más interesantes del cuento de Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan: la de los adolescentes que vemos en la pantalla de vídeo.

Para Faustí Llucià, la adolescencia es ese periodo en el que el joven se plantea su destino como un camino y esa Y actúa en el propio relato vital como una disyuntiva más que como una conjunción copulativa: hacer esto o aquello, decidirse por esto y por lo otro... Es una fase muy rica y de mucho desgaste que, desde el exterior, se percibe básicamente como un caos egocéntrico en el que el nuevo ser que ya no es un niño lo desea todo pero no está dispuesto a perder nada. No sería muy exagerado decir que a esas edades, también llamadas "ingratas", el deseo lo es todo. Y, sin embargo, los que tienen hijos cruzando esa travesía relatan la comunicación con el adolescente como el enésimo choque contra una fortaleza inexpugnable que, como mucho, baja el portalón para que se le introduzca comida (y seguir así soportando el asedio de las muchas expectativas adultas). Puede sonar hiperbólico, pero los padres como cronistas tienen menos credibilidad que un espejo con el azogue deslustrado.

Y aquí es donde la iniciativa de Faustí de sacar a los adolescentes de su contexto habitual como grupo, la clase, para solicitarles que lean el cuento y escojan los términos unidos por la Y con los que más se identifiquen o les gusten, supera su condición de experiencia artística para ser también educativa, en el sentido más rico del término: la educación como formación, como construcción, como representación, y no como simple adquisición de saberes.

Por supuesto que habrá estado bien que los alumnos lean una obra de Borges, y máxime siendo ésta corta y tener de ingredientes la sencillez constructiva, la linealidad narrativa, una intriga que acompaña a la fatalidad agazapada en las opciones personales y a la satisfacción del cumplimiento del propio destino. Todos estos elementos se habrán derramado consciente o inconscientemente por sus mentes, se habrán cruzado y solapado con sus experiencias y habrán ampliado sus miras para reconoce que la buena literatura, como el buen arte en general, también habla de ellos.

Es este punto, derivado de una experiencia que rompe con la rutina del aula, el que puede entroncar realmente con las buenas intenciones desplegadas en la (¡y van!) nueva Ley de Educación que estructura el itinerario formativo en ocho competencias básicas. Precisamente la (1) competencia lingüística actúa aquí como aliciente de las siguientes convocadas, que son la (5) social y ciudadana, porque los jóvenes participantes demuestran empatía al aceptar entrar en un proyecto creativo ajeno; la (6) cultural y artística, porque tienen que encarar la experiencia desde su vinculación con una tradición y asimismo proyectarla como algo original, nunca visto; la (7) de aprender a aprender, porque se enfrentan al texto y a la actuación delante de la cámara desde sus propios parámetros; y la (8) de autonomía e iniciativa personal, porque desde su propia libertad eligieron qué elementos del texto hacían suyos para decirlos ante la cámara.

Por estos argumentos he ampliado el título de estos 3 posts con la apostilla, "el arte infinitamente fecundo". Porque se trata de que existió un escritor que leyó mucho y amó mucho todo lo que leyó y ese amor dio a luz una infinidad de relatos que saciaron el anhelo de fantasías y conocimientos de miles y miles de lectores de todo el mundo, muchos de los cuales llegaron a su obra a través de la recomendación de algún amigo, maestro o un ser querido, y a su vez mantuvieron la cadena de recomendaciones para que la obra de Borges enriqueciera la vida de otros anhelantes lectores.

Entre esos lectores hubo uno (al que me imagino estirado en un sofá dispuesto a pasar un buen rato) que se complació con la historia narrada pero que sintió que algo lo alertaba de que aquella sintaxis, pensada para hipnotizarlo y conducirlo hacia un final incuestionable, resonaba como el eco de una vivencia propia muy cercana en el tiempo: la de su hijo entrando en la adolescencia, tal vez sometido a una tormenta de disyuntivas y elecciones ante lo que podría ser su futuro. Y, cuando acaba la lectura, sabe que ésta no quedará ahí, que la despiezará para hallar los detalles que punzan y hieren y creará con ellos una obra también fragmentada que cobrará un sentido nuevo, para él y para quien se sienta interpelado por el prado de conjunciones y el monótono bucle de primeros planos enunciando una enigmática sucesión de mantras que tienen como finalidad recordarnos que todos vamos a morir. Y, como el protagonista del cuento, que cada elección es un sendero que se bifurca.

martes, 23 de agosto de 2011

RETRATO DE ASTEROIDE CON PELOS Y SEÑALES


http://www.publico.es/ciencias/389794/retrato-de-un-gran-asteroide-con-pelos-y-senales


o El arte de titular, porque utilizar la expresión "pelos y señales" para hablar del asteroide Vesta (para unos un protoplaneta, paraotros un meteorito) es poco acertado, aunque haya servido para atraer la atención de una parte del público no especialmente interesado en noticias relacionadas con la astronomía o las ciencias de la naturaleza.

Porque la pequeña "litoesfera", que es noticia por las primeras imágenes enviadas por la sonda Dawn de la NASA, sí muestra señales de impactos (los científicos especulan que pueden deberse a un choque con otro planeta, del que tal vez se desgajó), pero de momento no se perciben rastros de pelos de ningún color ni longitud, señal de su vacío existencial (ahora ya también utilizo el recurso de la personificación para hablar de algo que nunca ha conocido la presencia humana).

viernes, 29 de julio de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS, o el arte infinitimante fecundo (2)



Estas reflexiones surgen tras la visita a la exposición de Faustí Llucià Libro-catálogo de las 'Y' del relato de Jorge Luís Borges "El jardín de los senderos que se bifurcan en la galería Esther Monturiol de Barcelona (y que forma parte de una colectiva de homenaje al escritor argentino cuando se cumplen 25 años desde que abandonó este mundo).

Siguiendo con la línea de reflexión metafísica con la que acabé el anterior post, resumiría la obra de Faustí diciendo que es una y trina. La unidad es temática y se remite a esa obra inquietante del autor argentino, que él mismo modestamente redujo al género policial, en la que un personaje cuenta en primera persona un hecho que sellará su destino a la vez que cumple con una misión que le trasciende. La trinidad se encuentra en la diversidad de lenguajes y soportes que ha utilizado el artista catalán para materializar lo que esa lectura le inspiró.
Al entrar en la galería, un antiguo almacén textil del Eixample barcelonés, con sus techos altos y espacios despejados, vemos una pared cubierta con hojas en tamaño Din-A3 en las que se repite un mismo motivo: dos trazos diagonales, uno más largo que el otro, que se encuentran en un punto del espacio del papel. A distancia, esa maraña de trazos tiene un algo de vegetal, como si fueran tallos estilizados, optimistas, que remiten a un tipo de pintura ya clásica basada en la abstracción de la naturaleza, transformada en concepto. Pero no es así en este caso: si nos acercamos vemos que, junto a esos trazos, hay unas palabras que no parecen tener ninguna conexión entre sí. Hay que volver al título de la exposición para entender que los trazos son la imagen de la y griega, que Faustí Llucià contabilizó en el relato tan como un dato misterioso y necesario como la trama que narraba Borges, y que las palabras en minúscula están extraídas de la historia.

El segundo elemento material de la obra es un recipiente de metal muy grueso y pulido que contiene el libro-catálogo que da nombre al conjunto. Cuando habla de este proyecto, Faustí nos recuerda que ya trabajó con este material anteriormente pero que aquellas cajas (citar obra*) no tienen nada que ver con ésta. Aquí, la caja está apoyada en la pared y contiene las impresiones en papel de alto gramaje con el resto de la colección de Y griegas que desgajó del relato. Produce una sensación curiosa el contraste entre la pesadez del material contenedor y la ligereza, física y conceptual, del contenido, es decir, de las hojas de papel que parecen flotar una encima de la otra.

El tercer elemento es el más sorprendente, y el que me ha llevado a incluir esta reseña en un blog que está pensado para hablar sobre temas relacionados con la enseñanza. Se trata de una pantalla de vídeo en la que se ve un encadenamiento de rostros adolescentes que enuncian con gran convicción un conjunto de palabras, sin ninguna relación de continuidad. En todos los enunciados está la conjunción Y, que nos devuelve al relato El jardín de los senderos que se bifurcan (http://www.literatura.us.borges/jardin/html) y la aparente sencillez de su sintaxis. Para no distraer al espectador, el vídeo original en color se ha convertido a un suave blanco y negro que atrae sin dificultad la mirada sobre el fundido-encadenado de las caras aún sin consolidar de los alumnos de 4º de la ESO de un instituto público barcelonés que se prestaron al juego que el artista les proponía.

Y ahora viene el quid de la cuestión, el punto en el que, en lugar de bifurcarse, coinciden creativamente el camino de la experiencia personal y el de la expresión artística. Al contrario que Borges, cuya experiencia de la vida es primero libresca (como demuestra este cuento con sus referencias a la historia de China, Alemania, Inglaterra, etc.) y posteriormente la que le procuraba su condición de maestro de las letras argentinas, Faustí parte de un hecho muy íntimo que no tiene pudor en revelar porque constituye la base de su actual experiencia del mundo. Y esta no es otra que la condición de padre.

jueves, 28 de julio de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS o el arte infinitamente fecundo (1)

Los placeres de la mente son incontables. Y, para mí, uno de los más indefinibles y por ello atractivos, es el de la creatividad. En las biografías de artistas, sobre todo fotógrafos, me detengo en ese momento en el que se decide su camino: a veces es una elección fortuita, a veces el desenlace previsible de una afición, otras veces es un salvavidas emocional, vital, o el resultado de una asociación afortunada con alguien que ejerce de mentor, tal vez menos dotado pero no siempre... Ese momento crucial se relata en retrospectiva como una crisis, aunque a mí me parece más acertada la comparación con la metamorfosis de la marisposa y el estado de latencia de su ser final, el que está destinado a ser porque no puede ser algo distinto.

Se dice, tal vez como consuelo o como estímulo, que todos somos creativos y que aplicamos nuestra creatividad en todas las fases de la vida, no solamente en la producción de objetos estéticos. Pero esa creatividad no me resulta interesante porque casi siempre es un parche que aplicamos en nuestras vidas para seguir adelante con ella.

A mí me interesa y me fascina el momento en que se produce la chispa de la creación, es decir, cuando en la mente fecunda una idea que se convertirá en algo que su creador llegará contemplar como algo muy propio y a la vez ajeno.

Me imagino a los científicos conectando electrodos en la cabeza de algunos voluntarios intentando captar las descargas eléctricas que emite el cerebro mientras se encuentra ocupado en tareas unánimente consideradas creativas. Y es posible que lleguen a cartografiar la zona exacta del cerebro donde se produce el primer destello, a trazar su recorrido y sus relaciones neuronales y demás. Pero, al final, estarán tratando de lo inefable, de lo que no puede ser contado ni reproducido sino vivido desde lo más íntimo de uno mismo.

Por eso se repite tantas veces la misma pregunta: "¿Cómo se le ocurrió el tema de su libro/pintura/canción/etc.?", como si el origen de una idea pudiera darnos la respuesta a la pregunta primigenia: "¿Qué somos? ¿Por qué nos comportamos así? ¿De dónde viene todo esto? ¿Para qué sirve?"

CONTINUARÁ




miércoles, 20 de julio de 2011

ESCUELA DE CALOR (1). El inglés de los pobres



Este año me apunté a dos cursos completamente distintos. El primero: Correcció, normativa i ús del català pretendía dotarnos de criterios para corregir textos catalanes actuales. La mayoría de los compañeros son profesores especializados y unos pocos profesionales de instituciones públicas que deben manejarse con textos que exigen un dominio muy elevado de la norma.

Cualquiera que lea esto pensará que el mínimo exigible en un empleado obligado a redactar comunicados y textos formales es tener un dominio absoluto de los registros lingüísticos de su idioma. Es improbable que un hospital (por nombrar una institución universal) inglesa, francesa o italiana contrate a personal para su Gabinete de Prensa que tenga que detenerse a reflexionar sobre el uso de pronombres, preposiciones, gerundios ¡o el ser y el estar! Y que dentro de estas reflexiones uno de los valores fundamentales para utilizarlos sea la consideración de ser más o menos "genuino".

Pero, claro, es que no estamos hablando de cualquier idioma. Estamos hablando del catalán. Una lengua románica que ha sufrido una evolución bifurcada. Por un lado está la lengua natural, la que se ha conservado dentro del núcleo familiar y/o en territorios pequeños donde era la única herramienta de comunicación entre hablantes dejados de la mano de los poderes fácticos y que por eso ha podido conservar una riqueza léxica digna de admiración. Y por otra la lengua académica sistematizada desde finales del XIX con la creación del Diccionari y los posteriores añadidos y mejoras en función de los cambios socioculturales.

La Normalización derivada de la reinstauración de la democracia en España ha implantado el catalán como lengua vehicular en la escuela con el fin de salvarla de la desaparición y de mejorar el dominio de sus hablantes, soñando en generaciones de estudiantes capaces de manejarse perfectamente en las dos lenguas oficiales del Estado.

Pero después de casi un cuarto de siglo de inmersión (si no me equivoco en los cálculos) el resultado de ese programa puede considerarse globalmente un fracaso rotundo. El empobrecimiento lingüístico es manifiesto en castellano y en catalán. ¿Por qué?

Pues, como decía mi madre: entre todos la mataron y ella sola se murió.

No voy a detenerme a examinar cuáles son los fallos del sistema, y cómo se explica que varias generaciones de jóvenes nacidos o criados y escolarizados en Cataluña no tengan un excelente dominio de su idioma. Salvo honrosas excepciones, que más se deben a la influencia familiar o a la automotivación que a la calidad de los currículums escolares, se escribe y se habla mal en castellano, y el catalán es para muchos alumnos de ciudades grandes y medianas una lengua que hay que conocer pero cuyo uso se procura evitar en la medida de lo posible.

Por eso sigue sorprendiéndome el énfasis ingenuo que ponen políticos y docentes en enseñar inglés desde la más tierna infancia, insistiendo en su carácter de herramienta de comunicación global, universal. Por mi experiencia sé que la mayoría de los alumnos que cursan la ESO, -muchos de los cuales abandonarán los estudios sin titularse y otros no llegarán a acabar los ciclos formativos en los que se habrán precipitado hastiados de recibir los mismos conceptos año tras año..., no van a usar el inglés ni para ligar y como mucho van a aprenderse de oído la canción de moda del/la sex-symbol del momento sin entenderla e incapaces de generar frases nuevas a partir de esas mismas palabras.

Y a esos mismos colegas que se sorprenden como si les soltara una boutade que el inglés es para la mayoría de los alumnos una lengua muerta tan útil como el latín les digo que lo que deberían hacer es promover el conocimiento del catalán como la auténtica herramienta de promoción social para la mayoría de los residentes en Cataluña, tanto si son nativos como si no.

En definitiva, un buen dominio del catalán, antes que del inglés o cualquier otra lengua extranjera, es lo que hará que muchos de los jóvenes y no tan jóvenes que ahora se conforman con trabajos mal pagados lleguen a ascender en la escala social e incluso puedan llegar a sustituir en cargos y responsabilidades a aquellos que, por nacimiento o contactos, rigen y dirigen desde siempre la marcha de nuestra comunidad.